“’Gangocha’ significa trueque. En Canarias, este antiguo oficio solía estar reservado a las mujeres. A través del “gan-gocheo” se intercambiaban los productos que abundaban en una zona por aquellos otros que escaseaban.”

Las Gangocheras, muy populares a mitad del siglo XIX, podemos situarlas en el Puerto de la Cruz e incluso en Santa Cruz, en la isla de Tenerife, a donde acudían a cambiar o vender los productos de los pueblos del interior de la Isla.
Se conocía por gangocheras a las mujeres que bajaban desde el campo para traer productos de la huerta a la ciudad, las que vendían el pescado por las calles o las que traían manojitos de tea o carbón del monte o yerbas aromáticas para un salmorejo.
Iban unas anunciando su mercancía a grito pelado y otras tocando de puerta en puerta en las casas de sus clientes.
La vendedora popular tenía que caminar mucho, cumbre arriba, bajar hasta la ciudad o capital, vender la mercancía y, luego, regresar a las montañas antes de que se hiciera de noche.

“Daba gusto verlas cómo, con diestros pasos, descendían por las serpenteantes y enriscadas veredas.”

“Es de advertir que no hacían su entrada en los pueblos sin antes ponerse el calzado que llevaban en la cesta, el cual se volvían a quitar en cuanto iniciaban el regreso a sus casa. Los zapatos son pues, un simple adorno, el corretear descalzas desde niñas, les dotaba de unas plantas de los pies lo suficientemente encallecidas para poder desafiar todos los pedregales”

“Muy de mañana, al alba, salían de sus casas, en la “Ranilla” numerosas mujeres cargadas a la cabeza, con una gran cesta de pescado fresco, de ese pescado tan sabroso del Puerto que llega, aún vivo al comprador”… “Caminan adelante y descalzas estas gangocheras, subían hasta La Orotava y pueblos del Valle, donde cambiaban el pescado por productos de la Tierra.”

“Desde muy temprano las gangocheras de Anaga, esperaban la “faluga” que las llevaría a Santa Cruz o a San Andrés. camino de la playa. Y hasta el fondo del valle llegaba el eco de sus voces, mientras gritaban al de la “faluga” para que no las dejara en tierra, porque de pasar esto, no habría quien salvara la fresca verdura, los huevos de las gallinas “jabadas” o aquellos baifos “escueraos” que, envueltos en hojas de higuera, serían el menú de las familias acomodadas de la capital.”

“Al final, mientras la gangochera emprendía el camino de regreso a la cumbre, la romántica ciudad lagunera veía alejarse a uno de sus personajes más populares: la gangochera, “De Geneto a Los Baldíos,/de Guamasa a Las Canteras,/San Benito labrador/bendice las gangocheras.”

“La gangochera acudía antaño a Santa Cruz a vender sus productos. Bajaba del tranvía y era hermoso ver su delgado y esbelto cuerpo, cuyas enaguas se arremolinaban con la brisa marina en torno a su figura, tal que una bandera al mástil. Y a sus pies, el grupo de compradores de la capital siempre esperaba pacientemente a la gangochera.”